Hidrogenesse

Café la Palma, 17 de diciembre de 2021.

Si el cabaret se tomase en serio, Hidrogenesse no existirían. Goldfrapp serían las reinas del gazpacho del aburrimiento y ser sadomasoquista tendría la gracia de una película de Joliwud: mala analogía esta última.

Si Hidrogenesse fueran cabareteras comunes pasarían hambre o hubieran muerto de cirrosis hace años. Pero están unidos a un montón de cajas de ritmo y al legado de los padres alemanes de toda la mandanga moderna, y han sabido crear maravillas infames con bases bailables sublimes. Han sido capaces de darle caché al sonido sucio de los músicos de feria, obviando la parte de pasar el gorro, y han sabido señalar el corazón cazurro de todos los modernos urbanos. Para colmo, no se han hecho ricos con el hallazgo.

Al final son dos chicos que hilvanan ocurrencias ácidas sobre ritmos de pasodoble pasados por un filtro de excesos techno, y convertidas en esbozos de éxitos pop en el espejo pervertido de Alicia la Guarrona. Posiblemente, si se tomasen más en serio serían Joe Crepúsculo. O La Estrella de David (un poco si lo son). Pero son lo que son, y mientras dejan claro que su paso por el mundo no merece más que algo de teatro y algo de indiferencia, nos reiremos de nuestro reflejo deforme, sin darnos cuenta que el espejo, son ellos.

Atentos a sus extrañas historias. A esas escenas que parecen recuerdos inventados. A esos guiones frustrados y esos absurdos extraños. Atentos a la desmemoria, hecha canción. A la crueldad, acechando en un estribillo.

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