Algo

Café la Palma (Madrid).
19 de noviembre de 2021.

Algo pudieran ser poca cosa. O nada. O pura suerte. O una mezcla de buenas decisiones, talento disperso y lastre. Sus estribillos van llegando, deslumbrando y evaporándose con la facilidad que ellos ignoran sus infatuaciones románticas y aparcan los flechazos, después de haber escrito una canción de amor lánguida y azucarada que convierta su frágil desamor en un hit; al final, la absoluta falta de sentido o rumbo, parece que se convierten en su mayor debe. Las baladas llenas de caritas y amor de emoticono a lo Rosalía son demasiado obvias. Pero esa configuración vocal de voz masculina pasada por el autotune y pareja de voces femeninas (Ella Baila Sola haciendo coros a uno de Los Pecos) es un hallazgo. Meter guitarras pop con ritmo de salto, o de perreo despistado. Hace poco escuchaba a Antifan en esta misma sala y no era capaz de hacer nada interesante con el Post-Punk, aparte de la audacia de mezclarlo con el rap y, Algo, dando vueltas por otros caminos y sin aparente intención, consiguen brillar con el encanto de los primeros Mecano, a pesar de la cursilería y de los kilos de sirope de caramelo que se desliza por la sala y nos cubre hasta las rodillas. Luces deslumbrantes, aburrimiento, errores garrafales. Es Algo. Camino de un lugar no mucho más lejos que los arquetipos que cuelgan de las listas que vomita Spotify cada mañana. Cuando su manera de replicar las anodinas coplas de amor del Reguetón se conviertan en una deconstrucción, en un caos nuevo, cuando se atrevan a ponerse su propio disfraz a partir de los tópicos que (nadie se libra de hacerlo) expolian de lo más escuchado.

Y si trabajan sus voces, porque tendrán que hacerlo, entonces podrán darle a su imaginación la forma que merece. Creo que nunca he visto a nadie desafinando con el autotune.

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