The Low Flying Panic Attack.

Teatro Lara (Madrid).
14 de octubre de 2021.

Podríamos estar delante de los eternos fundadores de una electrónica emocional, con la delicadeza de Björk y el alma de una banda heavy. Con espíritu ambicioso y maneras de feriante fuera de la norma. Y sin embargo me siento como si me llevaran a la máquina de disparar clavos, eufórico y deslumbrado. Todo lleva al subidón, y el truco está demasiado claro. Las luces, esas líneas de bajos marcando los versos y los estribillos, el entusiasmo que me pregunto si seguirá allí después de la quinta escucha.

The Low Flying Panic Attack pudieran ser algo grande. Pudieran crear una historia y convertirse en una excepción dentro de la Industria. Elegir entre traicionarse o beber la cicuta de la autenticidad, el olvido y el fracaso. Tienen suficiente talento para crear espectáculo y saben disimular las carencias de sus canciones lo suficiente. Hasta imitan a Daft Punk con perfecta competencia. Quién sabe. Quizás resignifiquen el pop español, y podremos superar finalmente a Mecano.

O quizás no he entendido nada y debiera dormir más. Su música me seguirá gustando tanto como me seguirá pareciendo demasiado forzada. Demasiado explicada, demasiado desvalida.

Pero el disco está ahí. Mañana será otro día. Me toparé con ellos y a lo mejor me arrepiento de este texto.

(¿No os recuerdan las lámparas del Lara a los calamares de Matrix?).

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