Youn Sun Nah & Ulf Wakenius

Veranos de la Villa.
Conde Duque. Madrid, 3 de agosto de 2021.

Podría repetir palabra por palabra la idea que traigo de los discos de Youn Sun Nah, a un texto sobre sus conciertos. Que a veces, deja de ser una intérprete perfecta para, además, crear una suerte de alboroto emocional que uno no se espera. Por eso estoy aquí, en esencia, constatando que se preocupa por darle un cierto toque de pasión a su forma de cantar. Una pequeña dosis de soul que mantiene en el límite de lo exacto para no convertirse en cantante de gospel. La otra pata de su estilo, supongo, está en lo que hace, el jazz. De manera que sabe mantener cierta distancia del público, de su calor, evitando lo obvio, remarcando su excelencia. Aunque, hablando del calor del público, precisamente es la técnica lo que nos ha traído aquí. La técnica, no el alarde.

Respecto a la tormenta, quizás funciona cuando, con alguna canción, es capaz de atar el corazón. Hallelujah, por ejemplo, es silabeada con una lentitud punzante, y toda esa mezcla de cinismo, desesperanza, alegría y vitalidad que contiene regresa con la fuerza de un felino gigante, mirando a tus ojos con el aviso de deceso. Despacio, fiero y cruel.

Ulf Wakenius,el guitarrista, ha despojado por otro lado sus rasgueos de todo y los ha dejado en una simplicidad rotunda. Es a la vez bajo, batería e incluso piano, con una guitarra. No me pregunten cómo.

Lo que ha hecho con Metallica… es satanismo y brujería, es convertirse en el rockero más oscuro vestida de blanco y sonriendo como la receptionista del hotel. Y con Tom Waits, una parodia tan fiel como divertida, hecha con voz nasal y virilidad de borracho. En este caso puede la sorpresa de su forma de apropiarse de dos géneros acaparados por los machos y convertirlos en una danza de la muerte y del circo.

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