Silvana Estrada

Julián/ julio 22, 2021
Jazz Palacio Real. 20 de julio de 2021.

Mi gruñón interior no se fía de las personas que ríen demasiado. Y Silvana Estrada es una metralleta de risas, hasta que comienza a cantar. Entonces va balanceándose entre el llanto y el grito, entre la emoción enfocada en el punto de dolor y el barroquismo de una voz que no conoce la sequía. El gruñón se relaja y hasta se seca una lágrima. Pon fin, una lágrima, en la casa de los Borbones. Inaudito.

Hay que escuchar a Silvana con un poco de calma y con algo de entrega. Con la guardia baja. Y entonces es posible que te toque la parte sensible. Que duela o que haga reír como esa gente de la que no me fío. O que me recuerde la trampa que hay en el camino del Norte. La trampa que hay que evitar. Pudiera haber hecho el plano de huída, el esquema de las luces de alarma específicas, la anatomía del enamoramiento, el estruendo del campo de batalla que viene. Hay que escuchar, y atarse firmemente a la pared, preparar la prisión y atravesar esos lugares con el camuflaje, con la indiferencia empacada y la curiosidad masacrada.

Algo así es lo que escucho en sus canciones. La invitación a la alegría, el aviso de un yo sabio y fastidioso, el optimismo reprimido. La voz de las sirenas alegres.

Canciones, las suyas, que crecen con banda. Ella, sola, con sus excesos vocales, las ahoga. Los músicos logran darle a su voz esa personalidad apasionada y juguetona, que igual cita a Chavela que a Silvia Pérez Cruz (esto será más cosa mía que suya). Que cante lo que quiere. De alguna manera necesita ese guía, a través del exceso, para saber navegar bien. Silvana, desde su grito, sabe encontrar la forma de crear una suerte de ruta de la pasión precisa y extraña. Siempre dudé del futuro de su propuesta, pero esta noche estoy bastante seguro que va a hacernos sufrir y reír de muchas maneras.

(Qué dura “Si me matan”. Qué bonito y qué inteligente, y que difícil, escribir ese epitafio).

Respecto al vídeo: Estaba muy lejos, la imagen es mala, lo sé. Pero el audio refleja ese eco que resonaba en la Plaza de la Armería del Palacio Real, y merece la pena cerrar los ojos y escuchar.

No me olvido de Emilia y Pablo. Es curioso, los ví en el orgullo crítico, el 28 de junio, dándolo todo, y fue una sorpresa encontrarlos de teloneros. Su música para mí ya es algo conocido, y los disfruté de lejos (ellos, que te cantan casi al oído, pero perfectos). Y me anoté el deber de recuperarlos y curiosear qué han hecho. Descubrid a Emilia y Pablo. Son listos, cantan bonito y están locos.

Julián

Julián☭ Vendo  fotos en https://society6.com/juliancallejo Escribo sobre música  en  https://juliancallejo.com

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