Nur

Los Elegidos (2020).

Si Origen (2015) era el disco de la trinchera, Los Elegidos sería el del armisticio. Quizás aquél no era tan triste, ni este tan luminoso; quizás me dejo llevar por las sensaciones que recogía hace cinco años, los rasgueos de guitarra, aquella voz potente y airada, el caos, el dolor, la pasión, la alegría, la impotencia que se leía en sus textos. Pero tal vez no era ella, sino yo, quien estaba lidiando con aquella tormenta y ahora, en primavera, me dejo llevar por las sensaciones buenas, y no me encuentro al borde de un ataque de nervios. Quizás Nur también ha encontrado el truco, y es capaz de pasear por su alambre sin que se noten la procesión y el esfuerzo por no -dejarse- caer.

Los Elegidos es un regreso vestido de Pop, y alma Soul, cuya referencia primaria sería Marvin Gaye (Reinas, el segundo tema, es casi una declaración de principios), pero que en definitiva, es una colección de canciones de Pop-Rock convencional: en la segunda parte, a partir de Huracán, el sonido pudiera notarse más cercano a, por ejemplo, Keane. Los dos últimos temas serían una suerte de bonus que nos enseña su faceta más mitómana, más old school: Algo de gospel, y una voz que luce en inglés como pudieran hacerlo todas esas mujeres que citaríamos si nos preguntasen cuáles son las más grandes cantantes de la historia de la música -negra- popular. La producción es fiel al sonido del disco, pero se escucha como otra cosa. Son eso que llamamos Standards y, quizás por eso, a veces, me parecen grandiosas y otras, acomodaticias; igual que un disco de baladas de Amy Winehouse. Nur nos ha acostumbrado demasiado a la intensidad, aún sin pretenderlo: cantar como canta, tiene precio.

Los Elegidos y Origen podrían contarnos la historia de cómo las cosas se rompen y cómo se rehacen a partir de piezas sueltas, de rompecabezas diferentes. Una suerte de ciclo de caída y recuperación que sería, más o menos, el balanceo de la vida. As’i, y de alguna manera, Los elegidos parece estar fabricado de cristales rotos de influencias musicales, creando un puzzle coherente, gracias a una producción que busca un sonido de banda, con la espontaneidad del directo y la precisión, incluso la ostentosidad del estudio. Un montón de espejitos brillantes, luminosos, alegres, que vendrían a ser el mapa recompuesto de un alma quebrada. Sus letras hablan sin contar nada concreto; las músicas se ocupan de crear una piel de emociones, y la forma final, se la añadimos los que escuchamos. Celos, es mucho más un análisis casi político del asunto de la violencia machista que una canción sobre el asunto de los “crímenes pasionales”, que precisamente canta, de la forma menos directa posible sobre lo poca concreta -y físicamente dolorosa- que es la lacra del maltrato; Reinas (y su epílogo, Fugaz), pudiera ser una marcha del Orgullo Gay, una fiesta de graduacuón, o un velatorio a la irlandesa con el preludio del maquillaje, o de la agonía (las tres ideas, me parecen igual de estimulantes).

Hace muchos años leía en una entrevista a Víctor Manuel que le gustaba dejar las historias de sus canciones con algún elemento desanudado, para que fuera el oyente quien terminara los renglones. Las letras de Nur vienen a ser algo parecido; incluso va más allá, y deja que imaginemos una historia a partir de su eco, o de la mezcla de emociones que desatan; de un desorden calculado que razona sobre el pasado, deshojando los hechos de la misma manera que las ondas sobre el agua se desdibujan después de tirar una piedra. Mezclando el reproche y el perdón, Los Elegidos son una relación de heridas y una invitación a pasar página. Dada la brevedad de nuestro turno para vivir y la obligación de atravesarlo intensamente, errando, ganando, gozando y sanando (tal ver por eso me gusta ver la dua Fugaz/Reinas como una metafora de la muerte). Los Elegidos saben levantarse hacer balance y seguir, porque mientras, la arena del reloj sigue cayendo hacia ese probable vacío. De esas capas de misterio podemos desistir porque no entendemos nada o podemos reconocer nuestros prejuicios y corregir nuestras cegueras, y descubrir el verdadero secreto de la empatía.

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