Izaro

CentroCentro, Madrid, 6 de mayo de 2021

Izaro no puede ser otra cosa que optimista. Incluso cuando se cuenta atrapada en el hielo de las malas decisiones y los malos momentos. Es una artista funcional, perfecta para los días soleados y los ánimos ligeros. Para vestir la alegría. Se le podria reprochar que no tiene la cura para la tristeza, lógicamente. Los gruñones debierais permanecer lejos de su música: no aportaréis nada. Y recibiréis menos.

Es una obviedad que sin Cecilia o Mari Trini, Izaro no sería. Pero tampoco sin Serrat, cuya lírica, tan mediterránea, parece impregnar también la de la vasca. O será el optimismo, que suena igual en todas partes. Como todas las que he citado, de pasada, tiene una musicalidad fácil, de canciones inmediatas pensadas para cantarse en comunidad, en verbena. Que crean mundos efímeros que nos deslumbran lo suficiente para que echemos después unas monedas a la gorra.

Lo que no entiendo es porque no me puedo quitar a María Arnal de la cabeza. Será por un gesto con la mano, que hacen las dos.

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