Pedro LaDroga

Independance Club. Festival Mazo Madriz. 25 de marzo de 2021.

Si me obligasen a quedarme con una mística de los conciertos elegiría la de Pedro LaDroga. Desordenada pero fraternal, necesaria como la fiesta del fin de semana y la resaca de mierda del lunes, alegre como la hora de quedar con los amigos y banal como lo que viene después. La sensación que saco es que no estoy en un concierto, o no uno como los cánones y esas medidas nos dicen que deben ser. Esto es una visita al barrio de Ladroga, que nos enseña los garitos molones y nos cuenta su excéntrica, imposible forma de ver la vida.

Nada que no se celebre en el Hip-Hop desde que es lo que es. Nada a lo que no queremos renunciar, por muy adultos que nos hayamos degenerado.

Pero es un concierto. Y Pedro es terrible, de esos que suplen todo con su sobrao. El tipo tiene magia aunque la destroze. Maneja lo canónico y le da la vuelta para que se acople a sus rarezas. Y nos recuerda que podemos levantarnos, en estos tiempos de asientos pandémicos, para ir al baño (guiño) y que drogarse sentados, no está tan mal. Cómo no quererlo.

(No me olvido que si el hip hop, y todos sus hijos traperos y tristones, suena como suena, es en buena medida gracias a él).

A pesar que ha alargado el final como un chicle, igual que una Ayuso cualquiera desde su Zendal, se lo quiere. Le apagan el sonido y le encienden las luces y nos dice adiós acapela. En un acto de rebeldía, a pesar de todo, muy controlado. La revolución (pubertad) no será llegar tarde a casa. La de Pedro, claro. Ayuso es otra cosa.

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