Lorena Monge

Café la Palma, 20 de marzo de 2021.

Es muy difícil concentrarse cuando llevas un año en tu casa, sin jugar a los conciertos, y es el día del Grand Opening. Muy complicado escuchar otra voz que la del es el día y no tienes idea que contar. Que si las fotos, que si los compañeros, que su los geles hidro-alcohólicos… Y quien debiera ser la protagonista de convierte en un ruido más de los ruidos de una mañana tan extraña. Y he tenido que hacer un esfuerzo para escuchar, lo que debiera ser normal, y no una orden terminante; de una vez, ponte a lo que has venido, las canciones.

Lorena Monge. Todo por hacer. Tiene una voz, que todavía no es la suya pero la tiene. Podría ser una de las dramáticas del pop español, igual que lo es Amaral, o Malú (no la estarlete latina, sino esa chica que cantaba las canciones que Alejandro Sanz escribía a los hombres). Llama la atención que su voz, en los tres temas que tiene publicados, muestran una tonalidad mucho más emotiva, más cercana al quejido de la copla, algo que en directo se disuelve en timidez. Tiene letras de abandonos y desamores que algún día pudiera sonar tan tristes como la Feist triste. Y, tiene actitud, a pesar de los nervios, sabe hacerse la “yo controlo” muy bien. (Esto último me da una envidia del copón).

Dentro de algún tiempo, los pañuelos y sus canciones pudieran ser una parte de mis días. Compensaré, escuchando como debe ser, el paternalismo insufrible de este texto, entre otras cosas.

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