Menend

Antihéroe (2020).

Menend se sacude la candidez y salta a la pista de baile, en su trabajo más agitado, y más -de forma un tanto retorcida- introvertido. Antihéroe. El trayecto en que uno se olvida y se refuerza. En el que pierde muchas cosas menos el recuerdo (la mecha) y descubre el color potente de la adicción y las cadenas del afecto, o del deseo.

¿Comparamos? Antihéroe pudiera ser la versión masculina de lo que hizo Rosalía con El Mal Querer. El protagonista hace su propio tránsito por el universo de la noche y del desamor, y sale recreado. Quizás el final, de un romanticismo pornográfico inédito en la temática de Menend, sea más oscuro, porque puede ser circular (reinicio, vuelta a empezar) o abierto (regreso a la estabilidad de una relación).

Conscientemente o no, ha creado un disco-relato alrededor del donjuanismo, en los años 20 del siglo XXI; un álbum conceptual sobre el olvido, el desamor y la fiesta, sobre el baile, el sexo y la conexión potente y distorsionada que lleva pareja. Antihéroe es un personaje tan vacío como era Don Juan; por reprochable, pero fascinante y malsanamente humano; por pesimista, y por desorientado. Pavo real ególatra y pobre diablo jodido, girando alrededor de los mismos errores y encariñándose, inexplicablemente, de ellos; un protagonista sin brújula que tiene claro dónde está, consciente de su fracaso y que, ese aura, es lo que le gusta a las churris.

Pero el salto se da, sobre todo, en lo musical. Menend sigue siendo el mismo compositor meloso, que ha abierto el abanico formal y rítmico, añadiendo ritmos latinos y R&B bailable a su paleta musical, y sobre todo, reduciendo la presencia de la balada soul a lo indispensable. La producción es limpia, aunque el sonido es rico, lleno de ecos, de distorsión, de locura. Es este su trabajo más breve, y quién sabe si el mejor por su coherencia narrativa y musical. Menend, por otro lado, comienza a balbucear en castellano. Y es difícil, lo sabemos. Pero con pocos trazos y su habilidad creando atmósferas bailables (incluso entra en el terreno de la distorsión vocal, pero a su manera), sabe hacer un personaje esquemático, imperfecto, pero llamativo: aunque sea porque podemos sentir como propia esa sensación de bucle/jaula en la que se encuentra atrapado.

Antihéroe arranca en las pistas de baile y se cierra en las habitaciones, entre sexo y melancolía. Y, finalmente, Vida de locos, viene a ser el cierre/elixir mágico de la salida del laberinto y el detonante de todo. El amor perfecto, la antesala del vicio, la tristeza del pervertido (creo que, al final, es lo que más me gusta de este disco: la -exhuberante- tristeza del pervertido).

Antihéroe completo en YouTube.

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