Cheri

Julián/ diciembre 24, 2020

Fuera de Género (2020).

Cheri es quizás la formación más desangelada del planeta. Una banda sin objetivos o futuro consciente, que posiblemente ni debieran existir: pero ahí están. No me invento nada: la conclusión se saca de leer esta entrevista que los hicieron en Rock Andaluz. En resumen son como cualquiera de nosotros, llegaron por casualidad y sobreviven de puro milagro; y, posiblemente existen porque su Líder Supremo los tiene secuestrados en un búnker. Pero han publicado un disco. Uno bueno, que confirma que la nave con menos papeletas para llegar a puerto seguro puede tener éxito si hay un capitán competente a bordo. Y ellos, lo tienen.

Cheri es la voz y el nombre de todos; Fuera de Género es una suma de puntos de vista que cantan a través de ella, incluso que le cantan a ella misma: , por ejemplo, es una canción de amor que, quizás, pudiera estar siendo cantada por la persona a la que va dirigida; escucharlos es perderse en el laberinto de espejo de la feria.

Fuera de género es una acertada colección de canciones sobre rencor, despecho, alivio, cicatrices y liberaciones. Pop, a pesar de (y gracias a) los esfuerzos de su cerebro\productor para oscurecerlo. Pop (el género-Dios, que todo lo abarca y todo lo devora), rencor, despecho, alivio, sanación y libertad, que marcan la primera parte del disco. La segunda se vuelve algo más melancólica (excepto Lrrh, que está entre los temas tormentosos, esos de lamerse heridas con mucha actitud, junto a Aire y Sola, y que posiblemente aparece ahí para darle equilibrio al cuadro).

Quizá quien está bajo el efecto de la adrenalina del comienzo, se sienta abrumado y se aburra: pero regresará, y se dará cuenta que Fuera de Género no tiene exceso de peso; que presume de la perfección de los grandes discos de las décadas perdidas; que no se ha compuesto pensando en los clicks, si no en hacerlo perdurable, sea o no un éxito. Dentro de muchos años, será el mismo trabajo limpio, marcado por el dolor y por la inocencia – ese lastre que nos lleva a creer en la bondad de los oyentes.

En realidad, hace muchos años hubiera sido un disco perfecto. De esos que “entran bien” y que, además, reservan sorpresas que el oyente\fanático descubre con insistencia y paciencia. Cheri hace discos cuando los discos han dejado de hacerse; y los suben al Espoti cuando todos andan fabricando vinilos en las mismas dos fábricas. Son unos locos, como dicen ellos, o unos nostálgicos, como diríamos los nostálgicos.

Es la propia Cheri, la vocalista, quien destaca sobre las perfecciones de sus compañeros, los hacedores de ruido. Me consta que hay un gran guitarrista y un estupendo batería, y que el Arquitecto es un músico experimentado y un jefe de los majetes. Por eso ella, tan imperfecta, silabeando con voz de rockero bronco y haciendo especial el tópico, es la revelación de este debut. Cheri podría ser la desflorarora de rockeros, enseñándolos a hacerse la dura con un corsé asfixiante, la castradora de iguanas y madre de su Satánica Majestad. No me queda claro de dónde sale su temperamento, pero sí que sabe hacer de su forma de integrarse en los clichés -masculinos y falócratas- del Rock, algo genuino. Quizás el Arquitecto tenga algo que ver, quizás sea la genética o, quizás ella le ha cogido la medida a sus capacidades: ¿habré acertado? Basta que te animes a escucharlo.

Por cierto: ya he escrito antes sobre Cheri, aquí.

Julián

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