Joan as a Police Woman

Veranos de la Villa. Madrid, 10 de agosto de 2019. Parque de Juan Carlos I (ese que nadie votó)

No es día para tocar un atardecer al aire libre. No, si se trae un corazón roto. La melancólica, dolorosamente romántica música de Joan as a Police Woman puede funcionar como una bomba de relojería, tal y como suena hoy, con el acompañamiento de un piano o una guitarra. Tan suplicante y tan rota que cualquiera que necesite curar el desamor vía exorcismo y apuñalamiento puede venir, si puede resistir el dolor y trae muchos pañuelos, a rascarse un poco las llagas y disfrutar del escozor. 

Pero acercarse con el ánimo juguetón puede funcionar también. Estamos sobre una pradera, no hace calor, el cielo va pasando de azul a morado y la horrible IFEMA se extiende detrás de los árboles y el piano de Joan, como un decorado intruso que nos recuerda la mierda de ciudad que habitamos y nos espera cuando haya terminado este regalo imposible. Nadie viene a pellizcarme. Está pasando. 

Nadie viene tampoco a quitarme la imagen de Nina Simone mientras la escucho escorar hacia el Soul al piano y me voy sintiendo destemplado y emocionado. Aunque no tengo claro si la Simone hubiera llevado una caja de ritmos. Está claro que el repelente de mosquitos no. Joan lo necesitó. Las dos cosas. A lo mejor, Nina hubiera necesitado la caja… por mera diversión).

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