Cheri

Desde Palafolls, en Barcelona. Primera reseña de una banda sin disco.

Cheri me recordó desde el primer momento a una banda cordobesa del final de los ochenta, Corazones Estrangulados. Sola era Días Sucios y Mente Sucia, Aeropuerto. Pero ese paralelo entre una promesa más o menos frustrada, más o menos alternativa, y una banda viva y emergente emergente tenía que disociarse, porque no resistía cinco minutos de reflexión. O no estaría escribiendo esto.

Sola tiene una letra confusa y contundente, que igual cuenta el shock de un abandono que las brasas testarudas del rencor. Elegir punto de vista cambia la experiencia y pasa de ser un canto al desamor digno de las grandes rancheras, a la crónica del desgarro de ser abandonado sin aparente aviso, la añoranza, el dolor y el dolor. Cheri la interpreta como si de dos personajes se tratara la abandonada, el que abandona, desde la súplica y desde el desdén y crea un diálogo retorcido, fascinante sobre el orgullo y el amor (heridos). En lo personal creo que es un hallazgo de esos que se repiten pocas veces y que, volviendo a Córdoba, tiene mucho que ver con la contundente forma de cantar de la primera vocalista de los Corazones: esa misma forma de cantar masculina, usando el femenino, de confundir y de jugar a la sorpresa. Que es, en buena medida o en primer lugar, la razón por la que estoy aquí.

LRRH confirma una idea que quizás sea un error, y es la forma de narrar con que Cheri atacan el asunto del deseo, las pasiones y la exclusividad sexual, basada en la ambigüedad: en no tener claro si están reprochando o destrozando, si nos sentimos víctimas, o verdugos. Ambigüedad moral pero también de punto de vista (igual que en la anterior, Sola, era fácil imaginar que estábamos jactándonos de la condena a la soledad que hemos infligido, justo lo contrario que la letra dice). La protagonista, volviendo al asunto, es esencialmente un lobo y un alma dañada. El sufrimiento justifica un comportamiento que, aunque no se describe, nos lo describen como reprobable usando un recurso de rapero, el de los diálogos de películas. Igual que Sola, es un tema que suena rock y pop, rabioso y mesurado, en una suerte de equilibrio que nos deja en el término medio. E igual que Sola (‘a otro cantaré esta canción’), el estribillo hace de clave y de cimiento para una idea ruda y perfecta: ‘es más fácil ser Caperucita que el lobo’.

Zapatos Negros habla del travestismo y regresa al sonido Corazones Estrangulados. El tema es viejo en la música española y lo encaran también de una manera vieja. Un lugar del que creo, nadie ha salido bien parado (¿Miguel Bosé?), y para el que Cheri crean un personaje arquetípico, quizás real: el ejecutivo que de día usa corbata y de noche viste falda de cuero corta, al que poco a poco se va cogiendo cariño: Quizás eso explica que esta canción siga en su repertorio. El mérito, pienso, se puede deber al arreglo felino, que recuerda levemente al The Cats de The Cure; una curiosidad sonora de la que también, igual que con el personaje, es fácil encariñarse.

Aire me ha dado que pensar. Hay una suerte de dualidad en la temática de las letras de Cheri, cuyos personajes están en el umbral de una ruptura personal, justo antes después o justo en el instante del cambio: una separación, el día de la auto-afirmación, la víspera del fin de semana. Aire sería justo eso. Esa sensación que algunos días, los mejores, el Universo parece darnos una palmadita en la espalda y si saber por qué todo es excusa para sonreír. Pero, o precisamente, la rabia de los arreglos de guitarra llevan al estribillo de Sola, y esa dualidad tan potente podría, quizás, ser el germen de una historia. Porque Aire, aunque habla de respirar, suena asfixiante y oscura, de la manera que Sola, en su desesperación, casi podría bailarse. Y, en la contradicción (ya estoy de vuelta) hay siempre algo que contar. Tenemos, precisamente el arco: el principio, y el final, o el cierre de un círculo, que nos llevaría a otro intento y a otro fracaso.

Mente Sucia es una canción sobre el deseo que puede llevarnos a los días felices, antes de Sola, o justo después, cuando llega el reemplazo. Quizás porque no puedo entenderlas separadas, me gustan. Y me duelen. Porque no puede doler el desamor si no ha habido antes esa sensación de seguridad, de plenitud, de fortaleza que da el amor. Qué bien saben crear un clímax zumbon y risueño, por cierto, vestido de teclados y pertrechado de guitarras.

Maldito Aprendiz (¿2013?), aun siendo la más antigua, parece el catálogo de toda la sabiduría que carga Cheri. La conclusión sacada con años de antelación. Una canción hermosa, que podría ser de La Unión o de Fundición Odessa (otra de las bandas del underground nacional que parecen anticipar a los de Palafolls), sincera, emocionante y agridulce. Quizás, mi favorita,y un epílogo (si deseamos salir del círculo de la pasión, claro) en esa trama que me estoy inventando con las canciones de Cheri: el de la sabiduría.

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