Victoria Lukas. Madrid, La Terraza Magnética en La Casa Encendida. 26 de agosto de 2018.

Victoria Lukas interpreta con un desgana que casi da miedo, canciones que con parsimonia (o sádica paciencia) van atrapando en un lugar que puede ser el baile o la ensoñación. Me recuerda igual a Laurel Halo, sin esa arrogancia con que se movía aquella, pero sobre todo a Anne Clark. Tiene bien asimilada esa frialdad existencial, triste, cínica de una generación que parece agotada de dar lecciones (la mía, probablemente) a una platea vacía o mejor, ajena. Pero la están bailando con ganas, la escuchan con atención y quizás la lloran con sinceridad. No sé si será oportuno saltar todos juntos por esta maravillosa sexta planta para celebrar algo que no hemos terminado de entender.

La deriva estilística nos está llevando lentamente a una especie de electro con chispazos techno que se van haciendo más, más, bailables y menos perversos. Cuando la luz se marcha la Lukas sale del letargo sinuoso y nos invita abiertamente a bailar. Sin cambiar el gesto, sin alzar las manos, sin mediar palabra. Las canciones se ocupan y en la penumbra, los cuerpos se revuelven más bonito.

No me hagas demasiado caso.

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