Periko Plazer: Galgo (2017)

Hay que reconocerlo, Galgo no comienza: estalla. La Intro, con ese toque melancólico que se resuelve en una euforia Soul, y el primer tema, una sucesión de vaguedades poco coherentes aunque acertadas en el caos que transmiten, sobre camellos, vanidad, caos, melomania, egocentrismo, ruido y luces de ciudad que dejan patidifusuo, y refleja el espíritu canalla, corrupto y caótico de Madrid (o el esa granja pretenciosa y sofisticada que es el planeta Tierra), arreglado con toques de Hammond y una fuerza sutil y extraordinaria, es tan estiloso y sorprendente que nos quedamos esperando cosas muy grandes de lo que venga después.

Y quizás sea un error o un acierto dejar el mejor tiro para el principio. Galgo sería otra cosa sin esa rúbrica inaugural con la que Periko Plazer quiere hacer suyo un disco colaborativo, en el que su batuta se agita muda y astuta, para hacer propio un trabajo juguetón que va burlandolo con la buena intención irritante e inofensiva de un cachorro. ¿Quién se puede resistir?

Continuar divagando sobre la ansiedad del principio de milenio, bien visto, parece la salida perfecta a esa suerte de atolladero inaugural. Porque divagar es lo poco que se puede hacer cuando nos atropella una crisis y decir tonterías de manual de auto-ayuda, lo que nos sale si se trata de las ajenas. Esa contradicción es la que termina por cubrir de cinismo el texto Aarón Valiti y de una calma chula la base sobre la que, presumo, trabajan Dj Volo y Periko Plazer, como el que te dice «arregla esto» con pachorra socarrona. Desamparo o Amor, o los cantos del atolladero, ese en el que nos estamos viendo tan a menudo. En cualquier caso, mientras balancean la cabeza desde sus platos nos dicen: no te lo tomes tan en serio, venga. Que el huevo y la gallina no se van a mover aunque te vayas tres días de carnaval.

El optimismo podía esperar. La voz de Celia Mayo, que parece secundaria, se apropia del mensaje de No Es Tan Grave, sin decir casi nada: sencillamente la dulzura con la que canta en inglés y lanza algunos feelings, suena a bálsamo. El texto del Artes, tal vez el más trabajado en este punto de escucha, funciona casi como complemento a la voz apaciguadora de su compañera de canción. Parece una palmadita en la espalda demasiado complaciente, es cierto, Y sin embargo (sin embargo, con un mensaje que, a pesar de todo, y ojalá hubiera una manera -¿La hay?- de añadir notas en el margen de un texto de blog, a pesar de todo, nos gustaría escuchar en algún momento. Quizás lo leamos como una generalidad, y quizás lo sea, pero habrá días que oír que nada es importante y que podemos empezar de cero, suena a bálsamo), se vuelve necesaria. Hasta el trabajo de producción parece estar supeditado a ese juego entre el mensaje de optimismo y una voz terapéutica. Tal vez sea este el tema que más coquetea con el Pop de la misma manera que en su momento el Soul lo hizo. Y ese arreglo resuelto en euforia y coros, bien podría ser una versión amarga de Don’t Worry, Be Happy.

Déjame Caer es la primera incursión del clásico “soy rapero” que tiene que aparecer en todos y cada uno de los discos de rap. Con una base potente, es esencialmente un temazo del que, al menos servidor, no entiende nada. Es lo que sucede si no estás en el ajo. Al menos, no dejo la cabeza quieta. Xerö Ysern Y Gezzy, los dos Mcs, se dejan llevar por su actitud, y por la base rítmica, que permite un poco de desmadre. Al terminar, no importa demasiado qué nos querían contar, porque se trataba de levantarnos del suelo, no de leernos la comanda.

Y quizás porque hay chulería, actitud, drogas y resacones, Empiezo a Jugar funciona de forma explosiva, aunque repita el mismo concepto que el corte precedente, y lo rubriquen con saber hacer. Igual que Con el Arma Cargá, la siguiente. Feo 1 del Gremio y Guerra apuestan por la chulería y la arrogancia, y la transmiten con su forma de rapear. Lo mejor de todo, con ritmos y estilo casi opuestos: del Funk bailable del primero, a el Soul Jazzie y sosegado del segundo, para dos maneras complementarias de entender el auto-bombo, basadas en disparar en todas direcciones desde la trinchera de la modestia. En cualquier caso, es el momento más Hip Hop del disco, vuelto del revés gracias a la visión de Periko Plazer, que con una secuencia rítmica implacable basada en la guitarra en la primera y en el teclado (creo, no sabes los lugares donde me puedo poner a escribir) demuestra que sin base, se puede (lo cual, además, es el núcleo sobre el que está producido todo este vinilo.

Kultama es una de las grandes colaboraciones del disco, en lo que respecta al renombre y la veteranía (con permiso de Artes). Y con un texto, que titula Manipulación y que habla sobre los medios de comunicación como herramienta de control (nada nuevo bajo el sol) se lanza a rapear con una voz bronca, profunda y rugiente que es en sí un logro y un hallazgo. Que recuerde no lo he escuchado expresarse así, y es de los que saben hacerlo bien. Este detalle, pienso, es una de las grandes sorpresas de Galgo.

Gansta es quizás el mejor texto del disco, y además cuenta con la descarada complicidad de Periko Plazer, que crea una base a medida de una letra que va haciendo un listado de Gangsters vinculados a la política, la banca y las grandes empresas, con lo que sería un sample con banda de la música de El Padrino.

Feo1 del Gremio hace doblete en Piñau Piñau, a medias entre el desconcierto y el calentón. El amanecer, la soledad, la mano derecha, o el pasotismo. La crónica de un ligue que termina en disparos (retóricos, o no) en dirección equivocada y en vacío. Todo dibujado con un arreglo de piano que se enreda con la rabia confusa y escéptica del texto para crear un retrato de la euforia de la madrugada y la caída del amanecer: deseo y drama, y tal vez un inesperado clímax, sobre una letra irregular, que de nuevo da fe de la potencia de la idea de rapear con músicos.

IWFWY, de Sholo Truth, es I Wanna Fuck With You. La canción del sexo, con el punto de vista de un varón hetetosexual, mostrándonos su mujer ideal. Una salvaje inocente y sexual. Es decir, Gauguin. Todo con un ritmo de Soul a medio tiempo, casi revolcándose, que podría recordar el encanto de esas baladas sensuales de Barry White, en las que Sholo, quien sabe, quiere reflejarse.

I Dwell in Possibility es la segunda entrada de Celia Mayo, deconstruida por la muñeca firme de Periko Plazer, que aprovecha para lucir su soltura con los scratches a costa de la voz de la cantante. La canción entera parece un pequeño homenaje al Trip-Hop, y a la vez es la que más cercana al Hip Hop suena, con esa manera de recortar piezas sonoras para crear algo nuevo, obsesivamente repetitivo y brillante. Se escucha como la rúbrica y seguro que es por eso que suena tan loca y diferente como el solo de piano de la obertura.

Los Mcs le dan a Galgo el desorden. Es la banda la constante, la que está parecido en todas las canciones, hagan lo que hagan los traviesos chicos/poeta. La forma elegante del perro, su tranquilidad y su nervio, se adivinan en lo que no percibes hasta que te das cuenta que suena como un zumbido, una constante que atraviesa el disco del principio al final. Un esqueleto que nos devuelve este perro, delgaducho, con el pelo alborotado después que se marcharon todos los muchachos de la fiesta.

También, es un disco-charlatán que nos deja preguntándonos si recibimos regalos repetidos con envoltorios nuevos o si Periko Plazer ha logrado colarnos sus propios juguetes en la fiesta de los B-Boys. Galgo es complejo, resumiendo, y es un éxito rotundo. Posiblemente, a estas alturas de escucha pueda aparecer alguna muñeca rusa más por desenterrar.

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