Electric Wire Hustle: The 11th Sky (2016)

De los hoyos se sale. Electric Wire Hustle, que habían pertrechado un debut sensual y brillante, lanzaron un segundo trabajo tan anodino y decepcionante que parecían abocados a ser flor de una primavera, incapaces de repetir los aciertos de su primer trabajo. Pero han logrado reinventar su sonido haciéndolo denso, difícil y aterciopelado, y creando un disco que sabe ser misterioso, agresivo, ambicioso y sorprendente.

Las tres canciones que inician esta gigante colección son una suerte de subida a la cima de la euforia y la confusión. Go Slow abre con un tempo acariciador que evoca lo mejor de James Blake (para bien), con una línea melódica irresistible y un envoltorio sonoro que roza lo carnal sin tapujos. Una perfecta canción para follar fuerte con palabras dulces. Troublemakers da la vuelta a la tortilla y muestra una cara agresiva, amortiguada en capas de bajos y sonidos serenos que funcionan como una capa de aceite vibrando sobre un terremoto. Y, Golden Ladder, abre la puerta a lo que sería o una pista de baile, o una orgía de cuerpos, en la imaginación del dúo neozelandés: mirando hacia el espíritu del disco desde las alcobas del soul. Tan monumental que retumba detrás de los paños de sutileza que visten el resto de The 11th Sky. Esa euforia se prolonga en I Light a Candle, que sin embargo se vacía en una majestuosa relectura del Trip-Hop apoyada en el trabajo vocal, a la postre uno de los pilares de la formación.

Oh I hace de centro y resumen, nexo entre la faceta sensual, la inmediata y la audaz que se ligan en The 11th Sky. Árida y amable, incita y elude jugando con la atención, la curiosidad y a la vez llamando a nuestro yo reacio y, creando un centro perfecto que el perfecto homenaje al Trip-Hop que se deshace en una alegría de humo que se llama Aroma (y que se va a hacer esperar un poco).

The Border continua la sección-homenaje al Trip-Hop como un aperitivo leve y jazzie, juego o jugarreta y sobre todo preludio y contrapunto para el siguiente tema: Aroma, que replica los estándares del Trip-Hop en una versión zimbreante y reposada. Por eso es reconocible, e inmediata. Y aunque no se alinea con el espíritu bizarro del disco, podría ser un single eficaz, por el drama accesible y sensual que sugiere.

Red Window enriquece ese viaje por los 90, sin ser por otro lado un momento brillante. Pero para un fan de Tricky o Massive Attack, es sin duda un momento familiar en el que sentirse acogido. La base rítmica a partir de toques de guitarra es su mayor aportación al disco.

March es un himno. Hecho con tanta intención como oficio, podría ser un single testimonial, una sorpresa pensada para (incluso, con las remezclas adecuadas) bailar o agitar banderas. La voz femenina, Deva Mahal, justifica con su presencia rotunda el lugar que ocupa esta última canción en The 11th Sky.

Si quieres contar algo...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.