Miss Gi

Miss Gi

I y II (2015 y 2018)

Estos días de inventariar el polvo de los estantes he topado con los discos que ha publicado Miss Gi desde 2015. Dos discos sobre los que escribí indirectamente, con la excusa de sus presentaciones en directo. Después, han estado escondidos en ese limbo injusto y necesario de los estantes. Quizás no estaba listo, pero hoy escucho las canciones y veo un trabajo minucioso y deslumbrante, digno de la etiqueta tan boba de “la Norah Jones local”.

Miss Gi no es una músico pasional. No de esa manera que parece ser un estándar hoy día: pasión de pavo real -ya volveremos al pavo real más tarde-. No va a lograr captar oyentes como el que tiende una red mágica y arrasa todo por las calles. No busca una reacción inmediata. Si la conoces y hablas con ella, te das cuenta que incluso en persona, es así, serena, reflexiva, amable, paciente. El rojo está debajo de esa pátina/armadura de perfeccionismo con la que blinda sus canciones y, sospecho, Cabezalí, su productor (arreglista, mezclador,…) ha comprendido a la perfección. I y II pueden reposar en la nevera y cubrirse de polvo -incluso hay una pluma de pavo real que hace las veces de plumero, si fuera necesario- el tiempo que haga falta. Madurarán junto a ti y, un buen día, toda esa secuencia de emociones que lleva embebida se desperdigará ante tu mirada y te sacudirá, a tu manera. Algo así me ha sucedido.

I parece un tanteo que sienta las bases de su estilo. Posiblemente en su cabeza estuviera perfilado, incluso terminado, y con la ayuda de un grupo bien elegido de músicos, le han dado un toque de banda interpretando en directo, inmediato y delicado, potente pero sin velar su verdadera función, que es darle forma a la silueta que ella había dibujado en el aire. Lo que pudiera haber fracasado, convertido en una maqueta demasiado elaborada, es el milagro que crea en un chispazo las bases de lo que ha de ser Miss Gi. Su yo como autora.

Si el primer disco utiliza como fetiche creativo las plumas, y pienso (puede que me equivoque) que su motivo sería el aire (que no puedes tocar, pero puedes ver en el efecto que causa a tu alrededor), II, habla directa e intencionadamente del agua. La sensación que transmite es la de querer ser más melancólico, más visceral y más crudo. El sonido coquetea con la electrónica, con los ambientes, y el abandono que parece ser su leit motiv: igual flota sobre el amor que se sumerge en la muerte. Es un trabajo meditabundo, menos exuberante y sin embargo con sonidos más sutiles; más tímido y potente que I. Y más oscuro, difícil, incluso perverso y doloroso. Da la impresión que esta vez ha dejado entrar a los músicos en su salón de juegos, y construír a partir de una idea/esqueleto.

Han pasado dos años desde que salió este segundo disco. Cualquier momento será bueno para descubrir, recuperar y reinventar a Miss Gi.

Por Julián

Julián☭ Vendo  fotos en https://society6.com/juliancallejo Escribo sobre música  en  http://juliancallejo.com

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