Break Fast

Lekuona

Lekuona: Break Fast (2019)

El sueño burgués de alimentar una élite de artistas intocables para las masas está desapareciendo a toda velocidad. Y nos retorcemos delante de las ruinas de esas espléndidas corporaciones que fabricaron ídolos mortales. Hoy son tan humanos e imitables que muy pronto, todos andaremos el camino a la mercería con las bambas doradas de Kylie y la petulancia maleducada de La Zowi. Y la fantasía se habrá desvanecido.

Lekuona parece haber entendido que este cambio devuelve el curso de las cosas a su cauce e intenta, con dos discos publicados, preservar las cosas buenas del espejismo boomer mostrándose como una estrella de mentira*, con un modo de proceder nómada, y una gestión financiera de feriante: por un lado, la puesta en escena es una simulación** altiva, minuciosa y elaborada, y sus ingresos, dependen directamente de lo que depositemos en su gorra.

Break Fast es su segundo disco y es dos cosas: pop y brillante. Cuadros pequeños, que se escuchan como el que lee la prensa por la mañana. Rápido, fácil y alimenticio, ligero e indispensable. Parece música hecha por estudiantes de periodismo del siglo XX.

Break Fast es tan simple y perverso que sigo dándole vueltas, y no consigo plantarle una etiqueta. Quizás sea el disco de nuestra extremaunción, las palabras que recibes de tu médico en el instante que la anestesia entra en tu sistema y desapareces. Amable, relajado, evasivo. Una crueldad que intenta hacer menos dolorosa otra crueldad mayor, esa de la vida, la insatisfacción, el aburrimiento y la muerte. Simple y limpio, ejecutado con maestría de cirujano. La crueldad de los asesinos, que sienten compasión de las criaturas del matadero y deciden hacer dulce lo inevitable.

Estoy siendo muy cínico, pero seguidme la corriente. El disco entero parece vibrar con una voz, un tono. Ha sido producido con la idea que suene reconocible y (casi) inseparable. Para que pueda escucharse de un tirón en orden o en desorden, al revés, completo, mutilado, pero, sea cual sea la manera, siempre ha de lucir compacto y sonar a Lekuona; salvo Half made song, todos los cortes van a funcionar como comodines en un rompecabezas de pop, soul, electrónica, minimalismo, y a la fantasía ochentena de la trinidad de productores que lo han sacado adelante. Si escuchabas a George Michael, esa frialdad groovy es la que suena en Break Fast.

Pero es también un disco nocturno y triste. Un disco de resurrecciones y ojeras, que cuenta con el mismo tono distante y juguetón las tormentas del amor y el peso de la superación, la vacuidad del presenta y las penas del perdedor. Y no se trata únicamente de los textos, sino de la melancolía chispeante de sus melodías y sus arreglos, que la propia Lekuona transmite, además, con su voz. Igual que una bailarina de mármol a punto de ponerse a llorar. Ya hemos aprendido que algo es así es perfectamente posible. Robyn ha paseado la tristeza de los outsider por las pistas de baile. Gaga la convirtió en provocación. Lekuona podría devolverla a la serenidad y la ironía, al humor ácido, el sentido común y un moderado optimismo. Incluso pudiera proponernos un buen ciego y algo de sexo duro. Quizás sea momento de romper el sello y abrir ese sobre que tanto nos asusta, que contiene nada más que verdad.

*Mentira:

De mentir.

  1. f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente.
  2. f. Cosa que no es verdad. Se leen muchas mentiras en esta novela.
  3. f. Acción de mentir. Te ha pillado en una entira.
  4. f. coloq. Mancha pequeña de color blanco que suele aparecer en las uñas.
  5. f. desus. Errata o equivocación material en un texto manuscrito o impreso.
  6. interj. U. para negar con vehemencia lo dicho por otro.

**Simular:

Del lat. simulāre.

  1. tr. Representar algo, fingiendo o imitando lo que no es.

Si quieres contar algo...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.