Love Division.

Love Division. Ultraviolence (2019).

Sin saber bien por qué, ha sido el azar -reproducción aleatoria, quiero decir- el que me ha enseñado a querer Ultraviolence. El orden con que Love Division conciben su disco lo hace sonar como una letanía de ruido, que o abruma o aburre. Pero al agitar el cubilete y dejar que los dados caigan a su manera, aparece una colección de canciones poderosas y líricas que hacen justicia a un disco difícil, desencantado, honesto y casi anti-sistema, que huye con elegancia del nihilismo y abraza con confianza (pero sin entregar las armas) el amor como panacea. Rock para adultos: me pregunto si ha existido eso alguna vez.

Ultraviolence, a pesar de esa intención grave de apuntar a las decadencias morales de nuestro tiempo, es un disco luminoso, tocado con una rabia calculada: la de los años que llevan en activo y la sabiduría que hay en su temperamento. Incluso es un trabajo bailable y cínico, que reparte píldoras de desamor (Into de Sun o Summer Tears), panfletos apocalípticos (The Morning Papers) y danzas cínicas para bailones patanes (Alexander the Great).

La clave de este disco está en lograr un sonido tan homogéneo como una pared de granito y a la vez, una colección de 11 canciones capaces de destacar y conquistar al oyente. Algunas como The Morning Papers, apelan al Punk festivo de Billy Idol para crear el himno outsider del atasco; otras, como -otra vez- Alexander the Great, y a pesar de su monumentalidad, logran grabarse en la memoria gracias a un riff de guitarra que se convierte en obsesivo. Es importante que hayan elegido hacer una versión de un tema de The WhoThe Seeker, que sorprendentemente no destaca del resto de los temas del disco, parece una más y eso es mucho-. Los oídos perezosos, que pueden relacionar a Love Division con Nirvana -vale, está Ultraviolence, la última-, se van a encontrar con el suelo moviéndose bajo sus pies. Aparte de esto, algunos solos de saxo en el cierre de The Trip, en un aquejare sonoro que dejaría fascinado y aterrado a un fanático del Jazz, muestran que aunque la banda que grabó Locomotora (mi memoria es muy arbitraria, pero estoy empeñado en ver una conexión, entre ese e.p. y este último disco) sigue ahí, listos para cambiar de lugar sin que sepamos por dónde vinieron.

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