Berlín Texas.

Costello, 28 de febrero de 2020.

Berlín Texas parece una línea arbitraria trazada a partir del mapa de los viajes de Marta Tchai, en una especie de homenaje a lo inesperado y, claro está, a Wenders. La cantautora madrileña quiere formar parte de una banda de rock, para afilar el sonido que ha conseguido/perseguido. Y continuar cantando sus amores ingenuos, carnales y escépticos, su mundo narrado a pecho descubierto. Hay muy pocos creadores capaces de convertir las confesiones en pornografía emocional. Creadoras, alguna más.

Berlín Texas pudiera ser el viaje inesperado por la memoria de Marta. O el proyecto de una trayectoria nueva. O una nueva patada de una músico que quiere saltar a otro tiesto nuevo, manteniéndose fiel a sus obsesiones, que son el deseo y el amor, a su incoherencia rasposa; llevaba tiempo sin emocionarme con unas canciones que hablan de otra, pero hablan de forma inesperada, de mí. De tí. De ella. De aquella. Sea París, Texas, Oaxaca o la Corredera Baja de San Pablo.

El nombre, sea Berlín Texas, Texas Berlín, sin ese poco de alegría y ese poco de dolor y melancolía que nos situe en algo parecido a un mapa, de un país que en realidad no existe, no es importante: Unos puntos que den sentido a los pasos cambiados, a los errores cometidos y a los aciertos desvirtuados.

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