Onira y José Carreño.

Café la Palma
Madrid, 21 de febrero, 2020

José Carreño hace una especie de noticiero político y sentimental de los últimos meses de vicisitudes locales, de una forma entrañable y peleona que, lo siento mucho, conocemos en el Nacho Cano cronista de costumbres y folclores, narrando la cosa de la nochevieja. Tiene la misma emoción pegajosa, algo cursi pero certera. Con la diferencia que sus melodías están más cerca de -por ejemplo- Sidonie que de los arrebatos del hermano Cano. Cierto que es capaz de crear estribillos tan perdurables. Ven a verme es una canción sencilla y desgarradora, que aluniza casi sin daño, en la memoria.

Onira es una banda que luce sin apenas esfuerzo. Apegados al blues, todos sus componentes son virtuosos en lo que hacen, y en directo respetan un estricto turno para ocupar el primer plano, que no solo funciona sino que da más brillo a las canciones; y, aunque estas sean a veces olvidables, como meros standards pensados para incursionar en algunos estilos (incluso en lo latino), ellos las convierten en una experiencia. Ese perfeccionismo es el que los hace destacar. Y lo que puede dejarlos estancados en una banda que toca bonito. Todo esto no quita el hecho que, por cierto, disfrutan sobre el escenario y saben como desde aquí abajo, sentimos bien empleado el dinero de la entrada.

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