La Bien Querida

Brujería (2019)

Soplan vientos de sacristía y señoritas sin usar. Tiempos de romanticismo melifluo y monjitas sin ropa interior. De sentimentalismo, galletas Fontaneda y trajes de comunión. El tiempo que nos trajo a La Bien Querida, que ha sabido recuperar el hálito de la música ligera y la balada sentimental, y colocarse en un lugar privilegiado dentro del desfile de los músicos modernos. Y su nuevo disco, Brujería, es la culminación de ese proceso de envejecimiento del indie, y casi seguro, el mejor de su carrera.

La Bien Querida probablemente no es un genio, pero lo que hace es digno de alguien genial. Una creadora de canciones astuta. Irreprochable. José Alfredo, Manzanero, estarán brindando con copas de champán en sus tumbas, porque el sentimentalismo y el rojo bermellón han encontrado un cuerpo nuevo. Brujería es una colección de textos dedicados al enamoramiento, con la confusión, la euforia, el fatalismo y el exceso que merece toda buen chute de amor.

El hechizo viaja por todas las paradas del paseo de la pasión y en enganche. La euforia, el miedo, los celos, la valentía, la armadura, el vértigo, la histeria, el deseo, el BDSM, la añoranza, el pánico, la felicidad. Pero sobre todo el desasosiego. Producido para que funcione como un enlace entre las viejas glorias del hilo musical y los nuevos aires del romanticismo post-pandemias. Bailable, y mucho (escucha Me envenenas). Hecho para celebrar a ritmo de borracho, de nazareno o de empastillada. Para ser llorado en el atasco y en la cola del autobús, para recordar con una sonrisa a la entrada de clase y con un escalofrío al pagar la leche desnatada. Un disco pop y melancólico, perverso y optimista, incluso un disco que sonará disecado y encantador para los cínicos de corazón: que nos estará esperando en la siguiente parada.

Ha pasado mucho tiempo sin aparecer alguien capaz de llegar a emocionar usando arquetipos, y dando ese salto mortal tan extraño, que empieza en los discos gastados de los padres y termina en una pedalera y una caja de ritmos en el próximo festival; haciendo caja, y es lo justo. Porque necesitamos emociones sin estar atentos a la cámara selfie. Porque tanta cordura nos acabará volviendo locos. Porque no puede haber sinceridad en lo que escribe La Bien Querida: Nadie puede estar tan enamorado, de tantas maneras, en tantos escenarios y con tantísimo teatro. Unos hombres vestidos de blando le dirían «Ven». 

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