Veranos de la Villa 2018. Atom TM y A_mal_gam_a en el Espacio México, Madrid, 5 de julio de 2018.

A_mal_gam_a en Veranos de la Villa 2018. Espacio México, Parque Juan Carlos I, Madrid. 5 de julio de 2018.

Cualquiera que haya sobrevivido a una rave sabe que el campo y la electrónica se llevan bastante bien. Por campo, quiero decir eriales, lógicamente. Hoy, los Veranos de la Villa han traído electrónica elitista a un erial lujoso con nombre de campo. Que el lugar sea una reproducción de las pirámides para sacrificios mexicanas, que AMLO lleve apenas as 48 horas gobernando México, parece una apuesta larga y afortunada. Mientras, le damos la espalda al atardecer en y contemplamos un sol rojo hecho por la manos humanas, eclipsado por una pantalla blanca. Visuales oscuros, ambient distorsionado y chirriante para celebrar, con sensación de terror, el fina de un día y el alba de un mundo nuevo, extraño, irreal e incierto. El futuro. Pinchando (Dj + Vj, flip-flop), A_Mal_Gam_A, con unos visuales que juegan con imágenes reiterativas de cuerpos, loops de desnudos y roces, acciones y confusiones; una suerte de aquelarre con los aviones aterrizando en Barajas como mapa de estrellas.

Y a fuerza de no entender, danzamos.

Atom Tm en Madrid. Veranos de la Villa 2018. 5 de julio de 2018. Parque Juan Carlos I, Espacio México.

Atom TM empieza fuerte y disparando ironía en cada beat. Es un apóstol avanzado de Kraftwerk, y así se entiende cada uno de sus temas, remanufacturados para mayor gloria de los eslabones ignorados de la electrónica y de todo aquello que ha mutado a partir de ella. Fotocopia o no (que es un señor debate, la chavalada se da cuenta y canta), sus hits ceñudos funcionan y provocan. Destruyen tímpanos y hacen zumo de cerebros.

Este coleccionista de sonidos alemán ha creado una mitología basada en su imagen de anti-estrella y su cara malcarada, que se convierte en la metáfora de ese par de siglos extraños que nos han caído sobre la cabeza y de los que él, varón, alemán, raro, se siente (posiblemente) especialmente atropellado. Y desfilan por su trituradora la MTV, las multinacionales, el pop anglosajón y el judas de las esperanzas musicales, el Rock’N’Roll. Cómo no quererlo. Cómo no cuestionarlo. Hay una parte de espectáculo calculado y atómico en su show, pero también se le puede reprochar que sea un mero parásito de sus mitos, que se haya acomodado en un disco que salió en 2013. Caras, cruces, pero aquí estamos, bailando el apocalipsis de las estarletes de las cadenas musicales gringas en un montículo azteca.

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