Northwest en Costello. Madrid, 30 de septiembre de 2017.

Northwest se pueden entender de tantas maneras como películas queramos vivir. Que yo eligiera una historia de fantasmas con la grandilocuencia triste de Blade Runner es mera casualidad. Pero impresiona, el carnal fantasma en que se ha querido esconder Mariuca, la mitad de esta atípica formación británica (o exiliada), casi casi impasible, escupiendo una mezcla de dolor, indiferencia y vapor que se estira, infinita, en canciones que empiezan susurrando, crecen en algo que podría ser éxtasis, podría ser euforia, y terminan desvaneciéndose. Ella, mientras, va moviéndose, mecánica, triste, fría igual que una muñeca, paseando de puntillas sobre un puzzle de futurismo, cuentos góticos de miedo, espíritu-metáfora japoneses y tristezas sudorosas. Sólo cuando se sienta frente al teclado y toca sin más el juego de desconcierto se esfuma y vemos canciones, tal vez poco más que instantes convertidos en historia de las ideas, las imágenes, las heridas, el aislamiento y los días nuevos.

Northwest podrían ser protagonistas perfectos del juego desconcierta al crítico. Por el talento que tienen y porque lo que hacen, fruto del cálculo y de las economías, tiene sobre todo un sentido y una intención. No se han metido a la electrónica porque no podían pagar al batería, ni deciden hacer canciones largas porque anoche escucharon un concierto de post-rock. No hay niebla y melancolía en su sonido porque queda bien con la ropa, ni pasan de las pistas de baile, a pesar de usar programaciones, para hacerse los cool. Hacen electrónica, y la hacen como la hacen posiblemente porque así pueden ir ellos solos de gira, y es más fácil: pero eligen el sonido, las cadencias, las atmósferas, la puesta en escena, los arreglos, las letras, las melodías, con la intención de reflejar una obsesiones estéticas y, posiblemente, un presente que está agazapado y solo levemente, se parece a esa música tan difícil de… escribir desde este lado del espejo. Por las mentiras, por la reflexión, por las máscaras y el esfuerzo, Northwest son lo que son: buenos. Tú eliges, Ghibli, las lunas de Orion o Brontë, y disfruta del viaje.

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