La Shica. Pequeñas Infidelidades en el Centro Cultural Espronceda, en Madrid. 29 de septiembre de 2017

Digamos que quieres hacer un repertorio de canciones sentimentales y quitarles hierro porque te salen muy emocionales y no están los tiempos para dejar un camino de audiencias llorosas en tiempos de lágrimas. Digamos que, para compensar, complementamos con algunas letras de reproches y catarsis. Pero da igual. Aparte de lloroso, el público te sale rabiando. Entonces se te ocurre, vamos a usar el gracejo que siempre hemos tenido. Y al tema. La guerra de sexos, las señoras insatisfechas, los señores ofuscados y un cabaret íntimo, que resume las cualidades de Elsa Rovayo, La Shica, una cantante sutil, naive y excesiva y un tornado socarrón sobre el escenario, reflejando la incomunicación de esas parejas que han ido “a oír canciones bonitas”, o a ver una cabaretera en acción, en ese pertinaz olvido del nombre de su guitarrista, que ocupó su cocina y no parece muy dispuesto a soltarle la rienda.

Recrea Compuesta y sin Novio, hace un Puro Teatro magistral (no olvidemos su Y Sin Embargo te Quiero), y se recorre todos los estándar latinos, de México a Brasil, de Chiclana a Cuba. Señora viene a ser el cénit de la actuación. La ruptura, la realidad, la soltería y el vete a freír espárragos en plan mal. Y a pesar de lo que se pitorrea de la canción, es incapaz de destruirla porque la interpreta como merece. Toni Brunet a la guitarra de verdad aguanta un chaparrón de mentira. Y canta Somos Novios raro, pero bonito.

En el suelo, con la sala pidiendo más, un ramito de violetas y algún bis.

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