Pablo Und Destruktion en Café la Palma. Madrid, 7 de septiembre de 2017.

El asturiano Pablo Und Destruktion ha abandonado el cuaderno de observaciones y pequeños cuadros perversos, oscuros o expresionistas que definían su presencia en la periferia musical, y parece que ha girado hacia sí mismo. La música sigue siendo esa mezcla extraña de folklore y rock, pero se ha vuelto rudo, ya no sólo como cantante, que lo era, sino en el sonido con que interpreta canciones con aroma de ajuste de cuentas. Si el mundo no le parecía nada remotamente cercano a lo perfecto, ahora sus tripas están enfermas, y canta con una rabia focalizada. Se adivinan dolor y rencor, impotencia, cinismo y cansancio. Cuentas sin saldar y la mitad de un camino que no sabemos dónde lo llevará. Mientras va pidiendo más oscuridad, y las luces de la sala van apagándose, y las sombras nos dejan adivinar su solidezd en forma de triste figura negra con reflejos rojos. Pero sigue siendo intenso. Mientras esa revolución que se adivinaba parece haber quedado frustrada en su confusión. Y no queda claro qué duele o dónde llegará. Que es así, el dolor: tiene un lugar y queremos se se marche. Sigue ahí cuando le da la gana y ataca fuerte cuando le apetece. No terminamos de saber si está loco ello, o lo estamos nosotros. Y nos cambia como nunca imaginamos.

Este nuevo color mezcla muy bien con su repertorio previo, que sigue sonando exquisito pero ahora, además, rabioso. Y enfada, entusiasma, ruge como siempre. ¡Enseña los dientes! Quizás el disco que presentaba, Predación, merecería una consideración aparte. Pero eso es personal, y la piel quitada tiene que removerse con tranquilidad. Quien escuche Conquistarías Europa y vea claramente las paredes del pozo, que levante la mano.

Si quieres contar algo...