Wöyza: Pelea (2016)

El de Wöyza parece un disco de retales, o porque no hubo más remedio o porque así tenía que ser. Pero es un disco con sentido, que habla del proceso de caída y reconstrucción de una persona, y un giro sonoro respecto a su anterior trabajo, mucho más cercano al hip-hop, a la electrónica y a las bases. La viguesa quiso sonar orgánica y prepararse para una gira con banda, dejando que su voz (absolutamente ineclipsable) se funda con el talento de otros músicos. Es fácil, al final, encontrarle sentido a un puzzle de ideas aparentemente dispersas (o supervivientes de otros naufragios) si tienes algo que contar. Y es fácil compararla con el debut de Sara da Pin Up, en la medida que ambos parecen ajustes de cuentas. Algo que incomoda a muchos pero que, hay que reconocerlo, necesitamos como respirar.

El principal problema (que no reproche) de Pelea  es encontrarle la universalidad. Es un trabajo tan visceral que cuesta entender al personaje (al reflejo en un espejo) con el que Wöyza trabaja. La fuerza de las canciones es el cimiento en el que puede encontrarse ese atisbo de empatía con una mujer dolida, restaurada y fortalecida, dispuesta a no darle ninguna concesión al oyente (la ligereza y la potencia de los temas de Sara da Pin Up jugaban a su favor). Pero la gallega tiene una de las voces más potentes de la escena musical española y es muy difícil no rendirse a una colección de temas tan -al final- bien terminada. Y ser uno mismo no es motivo para que nadie se asuste, a pesar de todo.

Pelea, el primer track, es la canción-documento-de-identidad que parece debe estar en todos los discos de Rap. Wöyza es capaz de darle un enfoque novedoso, al convertir en diálogo el monólogo, y al evitar la pelea de gallos, y añadiendo un componente sentimental e íntimo, creíble en la medida que es un cuasi-dictadura emocional. Ya verás, que el carácter no requiere testosterona. Si tú Supieras, justo después, es exactamente esa intro perfecta. Potente, inteligente, y en esencia un temazo, que convierte el autobombo en reto, juego y adivinanza, arreglada con un mood jazzie, pero poderoso, como una mezcla de Trip-Hop bristoliano y rap-jazz secuestrado por músicos de estudio desaforados. Si hay una canción que debe abrir sus conciertos (aunque derroche una de sus mejores balas) es esta.

Cansada utiliza la rabia, el dolor y la ironía para crear un paisaje detallado y expresionista del desamor. Pero, y sobre todas las cosas, está narrada bajo el punto de vista de una mujer. Sin concesiones. Sin ceder un paso atrás. Si quieres entender debes ponerte en el lugar de la protagonista. Y ella no lo hace nada fácil. La reacción, el balbuceo, casi seguro. O la perplejidad. Mientras caen una detrás de otra, como piezas de dominó, todas esas baladas sobre a man and a woman in love.

(Lo siento, pero hay que ser conscientes de la dimensión de la horterada)

Shhh es hablar de sexo por salir del paso. Se sostiene por el trabajo vocal y por un arreglo bien trabado, hecho con gusto. El solo de guitarra es una de las más gratas y casi inadvertida de Pelea. Me recuerda a Magnatiz.

Tiempo al Tiempo encara el asunto de la corrupción con cierta condescendencia, apelando a la paciencia y a una teóricamente inevitable nueva era. Peca de ingenua, pero ya sabemos que hoy por hoy, el “buenísimo” es un concepto difícil de afrontar. Al igual que sucede son Shhh, parece un trámite, un cuadro que debía figurar en la colección. Pero, La rabia que hay en sus temas de desamor y reproche, el elemento que falta al afrontar un asunto de índole general, dibuja a la perfección el foco introspectivo de la música de Wöyza.

Lo Que Tú Quieres es una canción que hoy por hoy me desarma. Parece hermana de Aún Sigues Los Pasos, de su anterior disco, pero la idea de libre albedrío que tratan las dos es, en esta última, un arma de doble filo, puesto que introduce el error (y sus consecuencias) en la ecuación. La contradicción entre seguridad y vacilación. O el miedo a volar. He llorado pocas veces en conciertos y este tema es responsable de una de ellas. Si, claro, es algo muy mío, que es lo que en buena medida significa Pelea: cada uno de nosotros.

Si de mí es una carta de desamor y despedida. Ardiente, rabiosa, serena, mentirosa y apasionada. Igual de intransigente que Cansada, se balancea entre el dolor de un alma rota y la arrogancia de una persona herida pero no aniquilada. Podría ser la ida a un nuevo comienzo o un llanto de impotencia a dos pasos de la salida.

La Línea es una canción confusa que va saltando de tema en tema, desde le feminismo, la frivolidad, los pijos, y que parece resumirse en una nebulosa de principios que son todo menos una línea. Sin embargo es un estribillo irresistible, y todo ese embrollo indescifrable parece cobrar sentido al repetir una y otra vez no ves la línea. Porque la confusión, (como diría Rimbaud, yo es otro) es el asunto.

No creo es también un himno a la confusión. Wöyza, que es capaz de explicar con un detalle cruel el dolor de una ruptura, se cambia de disfraz y aquí nos cuenta una historia de culpas compartidas cantada en primera persona, con el trasfondo de una relación en trance de disolución. Los reproches viene y van, y la flagelación hiere en todas direcciones: yo y él. Ese eco que es el final, es conclusivo y conmovedor. El silencio, el vértigo al ver los pedazos de algo que no puede arreglarse, el horizonte vacío que no es viable de momento afrontar. Precioso.

Me Encuentro Bien es otra de esas canciones que suenan auténticas y conmovedoras. La escuché en directo por primera vez y en este caso, me sentí tan afectado (me dolió hasta la médula) y reconfortado que casi podría decir que es el ancla que sigue manteniendo a Wöyza en un hueco de mi santoral. Si no fuera porque todavía quedan dos temas, podría ser el epílogo de este disco tan atormentado y extraño.

Si de mí retoma el motivo del rencor, y aunque está al final del disco (curiosa decisión) parece el comienzo. Una especie de pistoletazo de salida esperanzado a pesar del horizonte de obstáculos y cristales rotos en el suelo que describe. El veneno de Wöyza, escondiéndose como una sorpresa el antídoto, justo en el espejo. Si tuviera que elegir, es la letra con la que, fuera contextos, me siento más identificado.

Ahora es el epílogo y el perro verde. Igual podría ser una canción de Nur, de Alicia Keys o de (perdón, perdón, perdón) Marta Sánchez. Y aunque suene cursi es bonita. Y sales de la tormenta con una sonrisa y un brillo ambiguo en los ojos.

Pelea no llega a ser un trabajo perfecto porque las circunstancias posiblemente no le han sido favorables y, al final, la coherencia la dicta su autora, en la medida que se toma los textos de forma personal y, sobre todas las cosas, en su forma de expresarse. Pero si es un disco minuciosamente pulido que se baila, se llora y se siente como pocos. La motivación nace de la música que bulle en la cabeza de esta músico que, ahora que se encuentra centrada, tal vez quiera contarnos cosas más concretas o sencillamente, cantarnos lo mejor que sepa. Incluso puede que la celebremos como si fuera Missy Elliot con material nuevo. Pero también es evidente la evolución de su sonido , que se apoya en una banda competente y una producción bien cosida, en la que, aparte de la voz, que sabemos que tiene, ha comenzado a buscar un sonido personal, basado en el Soul y relegando, que no suprimiendo, el Rap.

La reflexión final, sería preguntarnos por qué al final, son las músicas hechas por mujeres las que saben hacer daño, las que retratan con una exactitud tan cruel la caída de una persona. Porque los hombres nos rompemos. Y mucho. Sin embargo, los hombres rotos lloran todos muy aburrido. O, quizás, estoy hablando por hablar.

 

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