Marilia: Infinito (2017)

Marilia y yo somos unos cursis, o al menos yo lo soy. He de confesar -que es algo a lo que me estoy acostumbrando demasiado- que mis dos grandes crisis sentimentales han estado cantadas y desolladas con canciones de Ella Baila Sola y/o Marilia Andrés. En su momento ella y Marta Botía crearon una suerte de versión castiza, y razonablemente sofisticada, del folk-rock de Carly Simon, con arrebatos de sentimentalismo, reivindicaciones feministas y singles que llenaron la caja de algún promotor que vio que las chicas tenían potencial.

Pero Marilia no es Ella Baila Sola. En parte si, pero su voz elocuente tiene más de arenga que de lamento pop con ambiciones amortiguadas. Marilia te cuenta que ha estado rota, que ha dudado, que está harta de muchas cosas, y que algunas canciones de Ella Baila Sola, merecían la pena. Por eso Infinito, un disco que suena a transición y a compromiso, grabado en tomas únicas, como si fuera directo, a voz, percusión y guitarra, juega con la nostalgia (sin pasarse, creo que Cuando los Sapos Bailen y Amores de Barra son los dos temas más recordados del duo) y crea canciones basadas en una estructura y en una narrativa sencillas que gusta si te pillan en un día tranquilo o destrozan si te pillan en el momento adecuado. Y volvemos al principio. Marilia ha llegado en un momento peculiar para uno de sus oyentes. Pero su disco suena, más bien, como un compromiso calculado entre su bagaje y su futuro.

Temas nuevos, alguno de su retorno en solitario y otros de Ella Baila Sola. Más una versión de Mari Trini que suena a confesión de pecado musical, y a abierto reconocimiento de uno de sus mitos. Casi todos los temas de Marilia giran alrededor de la supervivencia emocional, las relaciones fallidas y los machismos diarios. Yo lo resumiría en una palabra: auto-afirmación. Ya no solo como motivo, como pancarta que quiere defina su carrera a partir de ahora. Posiblemente Infinito quiera ser la excusa y la oportunidad para dejar claro quién es ella y poder seguir su camino con las cosas que vengan. El compromiso, ya lo decía antes. Para algunos parecerá esto, a otros, escuchar Superviviente o Casi me rindo nos parte por la mitad. Tú, si quieres, prueba. La escucha merece la pena. Aunque sea por ver como reverdece el sendero que Cecilia o Mari Trini (hasta Vainica Doble) dejaron vacío.

 

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