Mercedes Ferrer en Sala Berlanga. Madrid, 2 de julio de 2017.

Jugar con el repertorio de Mercedes Ferrer es hacerlo en casa. Si hay que esencializarlo, se hace, y sales a tocar con guitarra, bajo y batería montando un concierto de rock perfecto. Jugar con una voz que sigue manteniéndose entre el grito y el quejido, sin fisuras, es hacerlo con ventaja. Un solo atisbo nos ha dado, y mucho de lo que ya conocemos. y suena bonito. Cursi, pero bonito. Y seguro que más hondo de lo que puede parecer.

El motivo era presentar un nuevo disco que quiere grabar con crowdfunding: C+V. Deja una leve pista al principio, una canción bonita, pero demasiado cursi, que parece hecha pensando en Nacho Cano. Más adelante toca alguna canción extra y la impresión general es que, seguramente, nos lleve de viaje por el rock de los setenta y los himnos para la revolución que nunca terminaba de estallar. Pero es hablar por hablar. Todavía no se le nota cómoda interpretando las nuevas criaturas y de lo que no existe aún, no podemos decir más que vaguedades. Mientras, sigue siendo con mucha ventaja la reina referencia de mi personal periplo emocional. Y suma y sigue.

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