Underwaters y C.I.A.N.U.R.O. en Café la Palma. Madrid, 23 de junio de 2017

No se por qué C.I.A.N.U.R.O. me recuerdan tanto a Crystal Castles, tal vez por el desparpajo con que Clara, su cantante, sugiere que a lo mejor , si le da el arrebato, se lanzará en plancha contra nosotros a grito de Mohicana. Aunque suenen más melancólicos y anden a la gresca con las conexiones de sus cables y sus máquinas. Aún así le deben más a The Cure (o a Björk, si hacemos un tiro excesivamente corto) o a Salem que a cualquier luminaria post-electro que se les pueda ocurrir. El drama, al menos, sale con naturalidad entre cada catástrofe técnica. Y la manera de estar de Clara, indiferente, descarada, desafinada, inocente, salvan su directo del aburrimiento ese tan típico de las salas de espera que se convierten en nuestra casa durante una mañana. C.I.A.N.U.R.O. tienen esa cosa, parecida a follar drogado y volver a casa satisfecho, pero sin haberte corrido.

Underwaters suenan majestuosos y entusiasmados, llenos de energía, o contagiados de la potencia de su disco. El tener algo que contar, la confianza, disparan la energía en un concierto que no hará bailar, tal vez por mera perplejidad, pero que puede emocionar de esa forma distante que suele hacerlo la electrónica. Si el alma viaja por los cables, ellos han sabido cómo hacer funcionar el enlace. El resto es sólo un poco de talento y la frialdad escénica de los Pet Shop Boys -sin el cabaret-; y saber vestir la languidez de Nathalie con Beats que a veces se pasan al drum and bass y demás castigadores de tímpanos, sin que parezca una impostura ridícula. Underwaters…. Underwaters piensan. Y esta noche se han vuelto muy locos… A su manera sucia y silenciosa, y al menos a mí me han hecho sentir la electricidad subir por los gemelos.

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