Elhombreviento en Rock Palace. Madrid, 2 de junio de 2017.

Cuando uno declara que no sabe hacer radio-fórmula y contempla como su fama anda en la sala de espera de los fuegos artificiales, escuchando a otros repitiendo textos que escribió hace Dios sabe cuándo, Dios sabe por qué, memorizados por completos desconocidos con amor de fan, es normal que se ande entre el nudo de la garganta, la euforia y el tartamudeo. Pero Elhombreviento ha visto esto desde fuera, desde el cómodo segundo plano de las giras de Suite Soprano y ahora debe entender y asimilar en primera persona de qué iba la mandanga. Debe sentir el pavor de la radio y los besamanos y su pequeño juguete hecho en casa desmembrado por el poderío de su disco más marciano y más accesible. Su pequeña obra maestra, casi-llenando una sala pequeña de la Capital del Reino como nunca antes había llenado, su carrera en barrena invertida, su fama para enterados volviéndose en dimensión desconocida. Que vértigo, qué entusiasmo, qué felicidad. Qué bien sabe al menos durante dos horas, el arrullo de Justicia sin el apellido de bastardo Poética. Pequeños triunfos que podrían terminar la interminable guerra.

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