Elhombreviento. 12 Canciones Casi Alegres (2017)

Y me pregunto qué puedo tener en común con un rapero outsider, heterosexual y talentoso, que dibuja bien, hace vídeos con clase y se apunta a cualquier belén que le parezca digno. Qué importará. Seguramente hemos encontrado la misma contradicción estúpida desde nuestros respectivos árboles. Y aquí arriba somos pocos y aguantamos menos, así que… allá vamos.

Optimismo con mueca, sonrisas con pero. La presencia de la muerte y el pinchazo de la humildad. El poder de la vida, siempre con la rodilla hincada, siempre inquebrantable. Elhombreviento se ha convertido en un artista de muchas habilidades capaz de ceder el control férreo con que moldea sus miniaturas a semejantes que aprenden a entender la forma que todavía anda farfullando volutas de humo. Y es fácil encontrar una sospechosa similitud entre el triángulo de Valencia y Argentina, entre la sonrisa perfecta de Kevin Johansen y los ojos arrogantes​ de Jere.

Elhombreviento persiste en sus obsesiones: la belleza de la luz del sol, el ruido del vecindario, el bullicioso paseo de la muerte, de puntillas, la vulgaridad y el siglo XXI, las rabietas, el amor y el dolor y el desengaño y alguna sonrisa. La elaboración casi artesanal de sus discos, cada vez más lejos de la electrónica e incluso del rap, pero perfectamente fiel y coherente a ese principio de sencillez y punzante calado emocional que hay en su forma de escribir, de cantar, de recitar son la esencia o la etiqueta(s) que podemos encasquetarlo.

Y entre el eclecticismo, la desfachatez y la seguridad transcurre un trabajo que quiere asustar a los bobos de verbena (eso vendrá más tarde) con un instrumental delicado y voyeur, que regala, a los que pasaron el umbral, la medio-rumba del amor fugaz y la bossa del amor raro (y de la sala de espera del lugar donde contemplamos la muerte), la felicidad venenosa, aderezada con picante sabor a muerte y olores fuertes de sexo, con el título de La Tarde, primero, y El Diablo en Urgencias, después.

Con Tiempo reaparece el rap (el de Elhombreviento que viene a ser otra cosa) y las vísceras se ponen a mirar hacia fuera, jugando a la esperanza… con mueca. Algo así como hablar del amigo que va a lo suyo y sin embargo, está presente cuando hay que curar la mala mierda. O el retrato volteado de (nuestro) tiempo, feliz por querido. La belleza de una utopía tan sencilla. Que se convierte en una deliciosa oda al legado y a la esperanza en Severn Suzuki.

El Baile del Verano es la parodia de la verbena adulterada que vivimos. Y es uno de los temas más comerciales/Johansen (posiblemente me gane una colleja por la comparación) de esta colección casi alegre. Aunque la risa venga silbando veneno.

La presencia de la muerte es una constante por la que pocas (o ninguna) veces se le pregunta a Elhombreviento. Los Muertos no Lloran tiene la tristeza del adiós y las posibilidades truncadas con unos ambientes de texturas folk sorprendentemente arrolladores.

Mientras que la metáfora de Barcos y Fuego, la más fiel a los muy personales postulados raperos de Elhombreviento habla en acertijos de la ternura y la protección con la que solemos abrazar sin brazos a los que queremos. O tal vez, veo lo que quiero ver.

La Rumba del Miedo es canción protesta en toda regla. Directa, fácil y certera. Con la mirada puesta en América Latina. Igual que el abolerado El Conductor y la Pasajera que, y no podía ser de otra manera, ha sido el vestíbulo de este disco (era obligatorio) y una especie de versión inversa de esta escena de Ramón Salazar y su Piedras.

Aventuras es casi el final y hace de recapitulación, de periplo vital dibujado en flashazos y arreglado sobre una base de melancolía.

100 Días es el último tema, una suerte de esbozo del final de todo, que es el momento presente y la insignificante vida de mierda que, al final, nos cambia una y otra vez el paso. 100 días de mierda.
Y puesto que me permito el lujo de llorar, lo he hecho apuntillado, feliz, con este disco. La lectura visceral que estuvo planeada en algún momento, se ha quedado como una mancha de GHB sobre la mesa, pero en esencia prefiero guardarla para este nudo en la garganta.

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