Cass McCombs en el Teatro Lara. Madrid, 2 de febrero de 2017.

McCombs parece haberle sacado partido a la indefinición de la etiqueta Folk para poder picar en un lugar y en otro sin que el desconcierto termine por espantar a la clientela. Tiene ese toque de trovador urbano de, por ejemplo Suzanne Vega: el de un tipo que vive en el asfalto y escucha la música de los campesinos. Pero el californiano parece más dispuesto a tirar de desfachatez, y lo mismo se marca una canción pop digna de Tom Jones que se hace un Blues rugoso y psicodélico. Forzando la indefinición hasta el desconcierto, logra crear un repertorio cuanto menos interesante, o fácil de escuchar. Que te parezca una mutación tranquila de R.E.M. o o la reencarnación de Billy Joel y/o Paul Simon, es cosa tuya. Pero es justo afirmar que sabe hacer canciones y, sobre todo, que tiene una banda tan exacta como un cuarteto de jazz, que mantienen el tempo de la noche en un estado intermedio entre el desbordamiento del rock de carretera y el recogimiento de los feelings para estrenar el sofá de cuero carísimo. Los mejores malabaristas que he escuchado en bastante tiempo.

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