Odio París y Somos la Herencia en Café la Palma (Madrid). 14 de enero de 2017.

Somos la Herencia siguen a la chita callando convirtiéndose en una seria esperanza oscura para el underground madrileño. A gritos, señalan los feos de la realidad tirando de densidad y mala baba, con ceño serio y mirada de pocos amigos. Cuidado, podrían esconder malas ideas en esa calculada irrelevancia. Verlos improvisar delante de su bolo patas arriba por culpa de unos problemas técnicos del batería es tener una idea clara de la potencia de sus canciones y la solidez de su actitud: que, aunque parezca estúpido, tiene la teatralidad, la torpeza, las mentiras, la carne, y el dolor de los pasos de Semana Santa.

Por la razón que sea la vena pop de Odio París los da una entidad que, cuando se enzarzan en el ruidoso, no asoma. Digamos que les sienta bien vestirse de amabilidad, y que incluso es pensable bailarlos al ritmo de sus distorsiones rebuscadas. Pero sobre todo, son una banda de concierto, de conexión, de movimiento, que piden hacer juegos vistosos con unas canciones que, de otra manera, sencillamente pasan de largo. (Que me recuerdan a la sobreproducción majestuosa de Dinarama es otra historia que tal vez no venga muy a cuento).

Si quieres contar algo...